domingo, 4 de octubre de 2026

El Objeto Histórico del Estudio Criminológico

Algo que ha caracterizado a la Criminología de hoy y desde sus inicios es su estado de permanente cambio. Al igual que muchas otras ciencias que tienen al ser humano en el centro, los paradigmas van cambiando con la perspectiva de la sociedad misma como un constructo social (desde la época de Lombroso y su enfoque biológico hasta nuestros días donde tiene un tono más sistémico y completo, pero sigue evolucionando).

¿Por qué es que hay más crimen en ciertos lugares? ¿Qué tan propenso al crimen es alguien sin educación académica o de bajos recursos frente al que tiene esas ventajas? ¿Cómo debe actuar el Estado? Estas preguntas son tema de debate diario para disciplinas como Filosofía, Derecho Penal, Psicología y por supuesto la Sociología en donde está comprendida la Criminología. Pero primero establezcamos una pregunta base: ¿Cuál es, exactamente, el objeto de estudio de la Criminología?

Si nos situamos en el pasado (antes del estudio del delito como ciencia), la respuesta no tenía debate: el foco se centró casi exclusivamente en la persona infractora y en la tipificación del acto ilegal que cometió. Un paradigma muy cerrado, diseñado para mantener un orden y control social incuestionable, básicamente separar a los buenos de los malos, pero desde la perspectiva de unos pocos (principalmente los que tenían poder).


(Teoría del hombre delincuente basada en fenotipos de Cesare Lombroso, 1897)



En palabras de Antonio García Pablos de Molina:

“La Criminología tradicional descansaba sobre un sólido y pacífico consenso: el concepto legal de delito, no cuestionado; las teorías (etiológicas) de la criminalidad, que tomaban de aquel su auténtico soporte «ontológico»; el principio de la diversidad (patológica) del hombre delincuente (y de la disfuncionalidad del comportamiento criminal); y los fines asignados a la pena, como respuesta justa y útil al delito, constituían sus cuatro pilares más llamativos”.

Sin embargo, hoy sabemos que el asunto no es puramente negro o blanco, a mi juicio, el objeto tradicional de estudio estuvo profundamente influenciado por una necesidad de ver las cosas desde un ángulo positivista (donde el conocimiento solo puede obtenerse a través de la observación empírica y la evidencia científica), pero este mismo método demostró ser incapaz de abordar la complejidad humana, obligando a la Criminología de hoy a pasar del sujeto/delito al sistema de prevención y reparación integral.

El objeto en tiempos del Positivismo

Para comprender por qué este enfoque no funciona en Criminología, es vital observar un problema que surge de esta visión; si se entiende el estudio del crimen como la mera aplicación de leyes para mitigar actos delictivos, la Criminología sería un simple proveedor de datos. Si su único propósito es alimentar las cárceles y al sistema penal, sencillamente está sirviendo para validar la existencia de métodos de castigo y la dureza del status quo; la tendencia a mantener las cosas como están.

Cuando el método de estudio era el Positivismo se llegó a ver los fenómenos humanos incluyendo el crimen bajo una lente de la observación implacable, buscando leyes universales tan deterministas como las que rigen los fenómenos físicos de la naturaleza. Se creyó en un proceso lineal hacia la mejora social, donde se creía que la ciencia pura podía desvelar las reglas necesarias para mantener ese nuevo orden.

El objeto tradicional aquí, por lo tanto, no era simplemente estudiar al criminal, sino darle validez científicamente al castigo y a la estructura de poder establecida por unos pocos. Al tratar el crimen como un fenómeno sujeto a leyes "naturales" o deterministas, el delincuente dejaba de ser visto como un sujeto con derechos en juego y pasaba a ser catalogado como un simple caso de desvío de las normas que debía ser científicamente estudiado y medido para aplicarle una respuesta mecánica y normalizada.

Esta obsesión por lo observable (lo medible o verificable) explica por qué el objeto tradicional en aquel entonces estaba tan atado al concepto formal de delito. Si el delito se entiende primordialmente como aquella violación a lo que está escrito en un código penal (aquello que la ley castiga), entonces este sistema solo tiene interés en saber si se violó una norma escrita y quién lo hizo, para castigarlo sin remediar nada más.

Esta aproximación creó un modelo severo donde el delito era el protagonista principal, y el delincuente era simplemente el foco de ese acto. El enfoque estaba desfasado: se estudiaba al criminal por su potencialidad de contaminar o desviar las normas, pero la función social del sistema solo reconocía el crimen en los tribunales.

Victimología y el Objeto Actual

La Criminología reciente ha pasado a estudiar no solo al delito y al delincuente, sino también la víctima y el control social, incorporando además la idea de prevención, se ve forzada, desde múltiples ángulos (derechos humanos, ciencias sociales), a expandir su marco de interés. El sistema deja de ser un simple mecanismo de "respuesta técnicamente correcta" y debe convertirse en un sistema de restauración para el infractor (de ser posible). Así, la Victimología es una rama de la Criminología que ha transformado el enfoque tradicional, pasando de centrarse exclusivamente en el delincuente o el delito, para poner al centro de estudio a la persona afectada: la víctima.

Cualquier enfoque que limite la Criminología a ser "meramente instrumental" o que dé información únicamente sobre el delito no cabe en este nuevo enfoque moderno. Una Criminología integral debe tener capacidad de criticar y cuestionar el funcionamiento del sistema y los poderes públicos que ejecutan los castigos, además de aportar soluciones; algo que los legisladores de hoy aun no terminan de entender como vemos en este ejemplo tomado del medio “El País” en donde se critican los esfuerzos del poder ejecutivo en disuadir a los jóvenes de optar por una vida delictiva por medio de una simple treta dejando en evidencia una mentalidad que intenta separar al “Yo” (entendida como la persona civil cumplidora de la ley) del “Otro” (entendiéndose como cualquier persona en potencia de ser delincuente) sin realmente comprender las causas de por qué hay jóvenes que terminan optando por esa vida.

El artículo periodístico sobre las excursiones estudiantiles a una megacárcel no es una simple noticia; representa, en su esencia más pura, la materialización política del miedo. Es el momento en que la retórica de castigo típica de los políticos deja de ser un abstracto para convertirse en un espectáculo diseñado para ejercer presión social.

La presidenta lanzando un discurso de "mano dura" mientras se exhiben maniquíes con uniformes naranjas, nos permite realizar un profundo análisis criminológico y preguntarnos: ¿Qué está haciendo el Estado cuando usa la cárcel como mero espectáculo? Y, más importante aún, ¿qué nos revela esto sobre la noción de los políticos en temas de crimen y el verdadero objeto de estudio de la Criminología?

Nuestra tesis central a lo largo de este análisis ha sido que la vía meramente punitiva no funciona, pero el artículo encapsula perfectamente la tendencia a confundir la espectacularidad de la pena con su eficacia social cuando lo que se quiere en realidad es ganar apoyo de las masas, no solucionar la criminalidad. El objeto tradicional de la Criminología (la mera represión) se expone aquí como un mecanismo político, incapaz de abordar las raíces del crimen; por ello, el verdadero objeto debe ser el análisis estructural de los sistemas y resiliencia comunitaria.

Este es un mecanismo de demagogia profundamente falaz: la disuasión mediante la visibilidad del sufrimiento. Se espera que, al ver a los jóvenes "enjaulados por años," se asusten y cambien su estilo de vida. Desde nuestra perspectiva criminológica, esta propuesta es irremediablemente endeble porque viola principios fundamentales sobre cómo opera el control social real.

La experiencia internacional desmonta la noción de que "leyes más severas conduce a menos crimen”. La evidencia, demuestra lo contrario: este ciclo crea un sistema penitenciario insostenible sin reducir las tasas de criminalidad real.

El aspecto técnico del confinamiento nos recuerda constantemente lo difícil y costosa que es la gestión penitenciaria, un sistema que está más preocupado por su propia existencia operativa que por la rehabilitación. Al mostrar el encierro, la vida de "incomunicados" con apenas luz, se maximiza el efecto estigmatizante. Abarrotar prisiones no solo sanciona; deshumaniza y marca permanentemente al sujeto (concepto de “labeling” o etiquetamiento).


(Etiquetar a una persona que haya cometido un crimen disminuye su posibilidad de rehabilitación)

Para un joven en condición vulnerable por vivir en barrios peligrosos, este espectáculo tiene una función narrativa a la inversa: eleva la cárcel a un ideal de vida. Es el premio representativo de lo que la sociedad a la que odia considera un fracaso social. En lugar de asustarlos con la pérdida de libertad, les ofrece simbólicamente un tipo alternativo de pertenencia que va más allá de las instituciones comunitarias funcionales.

La Criminología debe asumir un rol de ser una disciplina crítica. No puede ser ni la voz del gobierno (el status quo represivo), ni un mero observador académico; debe ser un agente científico que tiene el coraje de cuestionar las bases mismas del sistema penal. En mi opinión éste es el objeto de estudio que debe guiar a los que se inician en Criminología.

Tampoco puede ser la "política criminal": Si su único objetivo es proponer soluciones operativas inmediatas y duras (más policía, más cárceles), se convierte en un mero sirviente político. Debe desarrollar modelos explicativos profundos que entiendan la dinámica de las bandas criminales no como "individuos desviados", sino como síntomas de una falla macro-social. Debemos ver el delito como un problema social y humano, desde una perspectiva funcional para que su estudio no sea meramente teórico, sino que sirva para el diagnóstico científico, la explicación del evento, la ayuda a la víctima y el desarrollo de soluciones preventivas efectivas.

En definitiva, el verdadero objeto de la Criminología es entender por qué fallaron los mecanismos comunitarios (escuela, familia, empleo), y cómo puede la ciencia social proveer rutas alternativas a la violencia que no pasen necesariamente por los uniformes naranjas de un sistema que funciona desde el espectáculo. Es una tarea titánica que exige más que estadísticas; requiere ética, visión comunitaria y, sobre todo, la voluntad política para invertir en lo que es invisible: la dignidad humana y el tejido social preventivo.



REFERENCIAS Y TEXTOS DE APOYO ARGUMENTATIVO

Lacayo, E. (2016). Recopilación para el curso Fundamentos de criminología. UNED

Garland, D (2005). La cultura del control: crimen y orden social en la sociedad contemporánea, Gedisa

Murillo, Á. (2026). Excursiones estudiantiles a una megacárcel: La última receta contra el narco que divide a Costa Rica. EL PAÍS. https://elpais.com/america/2026-07-13/excursiones-estudiantiles-a-una-megacarcel-la-ultima-receta-contra-el-narco-que-divide-a-costa-rica.html

García-Pablos de Molina, A. (2014). Criminología: Una introducción a sus fundamentos teóricos (8.ª ed.). Tirant lo Blanch. https://biblioteca.unipac.edu.mx/wp-content/uploads/2019/01/133933463-CRIMINOLOGIA-Antonio-Garcia-Pablos-Molina-pdf.pdf