domingo, 11 de octubre de 2026

Control Informal Social Reactivo

A diferencia de Control Formal, el Informal describe un mecanismo de mantenimiento del orden social que opera a nivel comunitario, sin necesidad de leyes escritas ni instituciones estatales. Este se ejerce por la sociedad, por los padres, la escuela, la religión, los medios de comunicación y por todas las personas que nos rodean; funciona como un conjunto de elementos que una sociedad utiliza para mantener la cohesión y asegurar que los individuos se comporten de acuerdo con las normas, expectativas y valores compartidos por ese grupo.

Su carácter informal expresa que el mecanismo no está escrito ni respaldado por el Estado (no son leyes), sino que surge espontáneamente de la moral, la cultura, las costumbres y las relaciones interpersonales del círculo social del ciudadano. Los agentes de control son los propios miembros de la comunidad: vecinos, amigos o grupos de pares. Dado que no es preventivo, se activa cuando un individuo realiza una acción o se percibe una amenaza que viola una norma social implícita; de ahí su carácter reactivo.


(Familia, religión y los Medios son formas de Control Social Informal)

Se manifiesta sobre el entorno psicológico y social del individuo. Sus mecanismos son de castigo al afectar la reputación, como los chismes y rumores que se utilizan para desacreditar, aislar o advertir de un comportamiento mediante la difusión rápida de información, dicho sea de paso, no tiene que ser necesariamente cierta. Esto culmina en una exclusión social: se le niega la participación a la persona dentro del grupo. Es una forma efectiva de castigo social porque el ser humano necesita un sentido de pertenencia para su bienestar emocional. La humillación pública también castiga al individuo por haber fallado en mantener los estándares de comportamiento; se emite un veredicto moral sobre el infractor como una manera de decir: "esa persona ya no merece ser considerada amiga".

Pros y Contras

Este tipo de control tiene una naturaleza ambivalente, es decir, puede tener funciones necesarias para la cohesión social y, al mismo tiempo, representar graves riesgos.

Una de sus funciones positivas es que funciona como un refuerzo normativo que obliga a los miembros de un grupo a recordar cuáles son sus valores fundamentales, como es el caso de las comunidades vecinales unidas. Esto mantiene el orden sin necesidad de agentes formales que lo promuevan firmemente; además, hay vigilancia constante de todos hacia todos; crea un ambiente donde la gente está atenta al comportamiento propio y ajeno, lo cual es fundamental para que una sociedad funcione día a día.

Por otro lado, se presta a que las reacciones sean impulsivas y que carezcan del debido proceso o proporcionalidad. El castigo puede exceder con creces la falta cometida; además, los grupos tienen la tendencia a aplicar estas normas como una cadena de mando, donde no todos tienen el mismo poder de decisión, utilizando el control reactivo para atacar a minorías, discrepantes políticos o personas vulnerables. Es un ejemplo moderno donde el castigo público y total opera como un mecanismo que niega cualquier posibilidad de redención.

El control social informal reactivo es una fuerza invisible, emocional e instantánea de una comunidad. Nos recuerda que el orden social no solo se mantiene por las leyes escritas, sino también por un constante y sensible monitoreo moral realizado por cada miembro del colectivo.

Ejemplos reales de cómo el Control Informal afecta a las personas en su círculo social pueden verse en casos de bullying. Observar cómo la presión de los compañeros, la humillación pública o la reacción de las familias influyen en la conducta de los jóvenes, incluso fuera de la intervención directa de la policía o los tribunales. La noticia en específico que decido destacar describe el caso de una estudiante que sufrió acoso por su apariencia física y discapacidad. El caso incluso se viralizó mediante un video, generando tanto muestras de apoyo como críticas en redes sociales, visibilizando el problema generalizado que existe sobre acoso escolar. También se relata cómo familiares recurrieron a las mismas redes para denunciar situaciones de violencia.

En un análisis crítico del caso, el acoso funciona como una forma de presión grupal que castiga simbólicamente a quien es percibido como diferente. Los insultos, la humillación y la exclusión intentan imponer normas sociales sobre la apariencia y el comportamiento. En cuanto a la familia, la intervención de las madres y otros familiares muestra cómo el entorno puede proteger a la víctima, denunciar conductas y promover normas de respeto; por su parte, las relaciones entre estudiantes pueden reforzar la aceptación de determinadas conductas o fomentar el respeto y el rechazo del acoso. En último lugar, los medios de comunicación y redes sociales juegan un papel fundamental en la reputación de los involucrados: la difusión de los testimonios genera visibilidad, solidaridad y presión social para que se atiendan los casos.

El Límite del Control formal y el Poder del Habitus

Las leyes deben ser universales, claras y aplicables sin ambigüedades. Si un código penal intentara prohibir cada insulto, acto discriminatorio o juicio moral negativo, el sistema colapsaría por formalidades como la imposibilidad de una clara definición, es decir ¿Qué es exactamente un "insulto" y como se definiría formalmente para establecer un caso? El lenguaje está en constante evolución y la intención detrás de una frase es subjetiva. Las leyes no pueden codificar las matices emocionales y culturales del lenguaje. En esa misma nota existe un riesgo de totalitarismo, pues intentar regular el pensamiento o los sentimientos lleva inevitablemente a la censura, donde el Estado se convierte en juez y jurado de la moralidad privada, limitando la libertad de expresión fundamental.

El control social informal cumple una función que la ley formal nunca podrá reemplazar: la capacidad de respuesta inmediata y adaptativa, mientras que las leyes son lentas; necesitan procesos judiciales y escritos burocráticos. Los insultos, el rechazo o la exclusión funcionan en tiempo real. Son mecanismos instantáneos para normalizar al grupo rápidamente ante un desvío de conducta.

Para comprender mejor el por qué el Control Informal es tan importante (incluso más que el Formal) para explicar la criminalidad quiero introducir un concepto que ayuda a explicarlo. Desde la perspectiva del Habitus, término utilizado por el sociólogo Pierre Bordieu, el control informal no es tanto un acto reactivo como si lo es una imposición constante de lo que se considera "natural". Mientras que la ley regula lo ilegal; el control informal moldea el Habitus; el conjunto inconsciente de disposiciones y hábitos del individuo, su forma de ver el mundo. Los actos cotidianos nos recuerdan constantemente las fronteras no escritas: cómo vestir, qué pensar en voz alta, a quién apoyar.

Es crucial entender la diferencia entre el Habitus y los hábitos como término común, estas últimas son acciones repetitivas y superficiales (cepillarse los dientes, caminar por la misma ruta para ir al trabajo), mientras que el Habitus es una estructura interna de pensamiento y acción. Un conjunto de categorías mentales que nos han sido inculcadas por nuestra clase social, nuestro entorno familiar o nuestra cultura dominante (entorno informal). A modo de analogía, el Habitus es como el programa de computadora con el que funciona nuestra mente. Mientras nos formamos, delimitamos más ese sistema en función del ambiente económico y cultural donde crecemos (nuestro barrio, familia, escuela, etc.). Este “software” dicta lo que nos parece normal, natural o deseable y es compartido con los que vivieron en el mismo entorno. Este es el punto más polémico del concepto. El Habitus explica por qué las desigualdades sociales parecen tan naturales y difíciles de cambiar.


(existen sesgos incluso a nivel inconsciente a la hora de juzgar a otros)

Si alguien nace con un Habitus privilegiado, tendrá acceso a mejores aspectos culturales (saber hablar sobre ciertos temas, saber comportarse en ciertas instituciones). Esto le dará una ventaja enorme para la acumulación de capital social y económico que no tendrán otros. Cuando esta persona llega a las esferas profesionales o académicas, su comportamiento no solo está respaldado por su conocimiento formal, sino también cultural (un conjunto de hábitos, gustos y formas de ser) que hace que sea aceptada y considerada "naturalmente apta" para ese puesto. Esto nos permite ver cómo la desigualdad no es solo económica; es también simbólica, un desacuerdo sobre lo que se considera el comportamiento, el gusto o el ser humano "normal".

Entonces esta dinámica genera una doble cara; por un lado, es el motor necesario para la vida comunitaria, pero también su fuente más peligrosa. El Control Informal permite a la sociedad ser maleable. Si una nueva norma moral emerge (conciencia sobre género, racismo), la comunidad puede empezar a ejercer presión social antes de que el Estado pueda modificar leyes complejas. Es un sistema de corrección preventiva y culturalmente más ágil.

Aquí reside la crítica más fuerte. Como las restricciones son escasas, los agentes del Control Informal tienen un poder desmedido: Se pueden cometer actos de linchamiento social (cancelación), que carecen absolutamente de debido proceso y están basados en la emoción, no en el hecho. La ley lo prohibiría, pero el grupo lo permite. Los insultos y la discriminación son las herramientas más comunes. Son ataques sutiles y diarios que no necesariamente constituyen un delito (la ley exige intención criminal o daño físico), pero que tienen un efecto profundamente dañino en la dignidad de la víctima, reforzando prejuicios sociales (racismo, machismo). Quien tiene más poder social o económico dentro de la comunidad puede utilizar el control informal para silenciar a sus críticos sin riesgo legal.

Como último pensamiento, se puede decir que la ley es un mínimo necesario, pues es la red de seguridad que nos protege del caos absoluto y el Control Informal es el máximo permitido; lo que usamos para funcionar, pero su libertad nos expone a las injusticias sin poder recurrir a lo legal. La tarea de una sociedad justa no es eliminar el control informal sino crear mecanismos de vigilancia. Necesitamos estudiar y entender cómo funciona la discriminación sutil para poder señalarla correctamente, aunque no sea ilegal. Desarrollar formas colectivas de confrontación (como el diálogo o la protesta pacífica) que sean más potentes que un chisme, pero sin caer en la “auto-justicia”.

El control social formal nos dice lo que no debemos hacer bajo amenaza de castigo estatal mientras que el control social informal nos dice lo que debemos sentir o pensar para pertenecer al grupo. Y es precisamente este segundo mensaje, el menos regulado, donde se encuentran los mayores peligros y las fuerzas más poderosas del cambio social.



REFERENCIAS

Matarrita Chaves, F. (2026, 13 de julio). Colegiala expuso que le cortaron cabello y lanzaron su bulto al estiércol: ‘bullying’ no cesa en centros educativos. La Nación. https://www.nacion.com/el-pais/colegiala-expuso-que-le-cortaron-cabello-y/JXAUJD4RLBHGXCDPS4PSSOYS2I/story/

Ortíz Muñoz-Quirós, C. (2016, 5 de mayo). Control social informal. Crimipedia, Universidad Miguel Hernández. https://crimipedia.umh.es/topics/control-social-formal-2/

Aguilar, D. (2010). Control Social y Prevención delictiva. Una introducción al tema desde el análisis de los medios de comunicación sociales. Contribuciones a las Ciencias Sociales. Recuperado de www.eumed.net/rev/cccss/08/daa2.htm

Aniyar, Lola. (1984). La Educación como forma de Control Social. Capítulo Criminológico 11/12. Recuperado de http://produccioncientificaluz.org/index.php/capitulo/article/view/4021/4020

viernes, 9 de octubre de 2026

Sobre el Control Formal Social Preventivo

El Control Formal se distingue del Informal al ser un conjunto de estrategias respaldadas por el Estado (lo "formal") cuyo objetivo no es castigar o reaccionar después de que ocurre un delito o conflicto, sino evitar que ocurran desde el inicio, es decir, ser "preventivo".

Desde que el ser humano vive en comunidad se han tenido que establecer reglas de convivencia, ha existido la necesidad inherente de gestionar lo imprevisto y caótico: el comportamiento humano. Por su propia naturaleza compleja, esto exige un grado constante de orden para poder funcionar; y eso es precisamente lo que entendemos por Control Social. No como un fenómeno pasivo, sino un sistema dinámico que busca asegurar que los ciudadanos actúen en consonancia con las normas colectivas.

Este tipo de control es la base de una sociedad civilizada; está intrínsecamente compuesta por las instituciones del Estado mismo. Es el proceso mediante el cual una sociedad o un grupo de personas designadas monitorea y regula las conductas individuales para asegurar que estas se mantengan dentro de lo que es considerado aceptable (la ley, la moralidad social). Su aspecto social indica que este control no solo opera a nivel individual, sino que está arraigado en las normas, valores y estructuras de una comunidad entera. Busca mantener el orden colectivo. Su envoltura formal es el componente crucial que significa que el control está ejecutado por instituciones oficiales, dotadas de autoridad legal para hacerlo como lo son: La policía, el Sistema Judicial (cortes, fiscales, los programas gubernamentales), las políticas públicas. Esto lo diferencia del control informal, que sería ejercido por la familia, los vecinos o los amigos, aspectos sin respaldo legal directo.


(Instituciones de Control Social Formal Costarricense)

En esencia, lo formal representa la institucionalización. Cuando fallan los mecanismos básicos (lo informal) es este aparato estatal el que toma las riendas, transformando un problema de convivencia en una cuestión legal. Sin embargo, abordar el Control Formal no implica entender su complejidad ni las tensiones que conlleva. De hecho, desde una perspectiva crítica (como todo criminólogo debería analizar), como lo plantea el “Labeling Approach” este mecanismo no es neutral. Lejos de ser simplemente un agente del orden, la aplicación de estas mismas estructuras puede convertirse en una generadora de criminalidad y estigma (de ahí el labeling; etiquetamiento). La ley, al ser interpretada por una entidad que no está exenta de estar sesgada, opera sobre grupos sociales específicos, determinando quién se desvía y bajo qué criterios.

El enfoque de "riesgo" lleva a que ciertos grupos (por su ubicación geográfica, nivel socioeconómico o historial) sean etiquetados como inherentemente peligrosos, lo que puede llevar a la discriminación y a la sobrerrepresentación policial en esos barrios. También existe una cautela excesiva en la implementación de sistemas de vigilancia (cámaras, bases de datos) planteando serios debates éticos sobre la invasión de la privacidad y los derechos humanos. El sistema puede pasar de la prevención a un control excesivo, donde simplemente se aparenta el orden sin solucionar las causas reales de la desigualdad o el conflicto social.

“Si la conducta desviada es toda aquella conducta que infringe reglas sociales, serán las reglas sociales las que crean las desviaciones como una contrapartida negativa. Esas reglas son elaboradas por grupos sociales que, al imponerlas, originan por definición la desviación y las diferentes propensiones a la desviación en los diferentes grupos. Lo que se considera "desviado" depende de las normas vigentes reconocidas; no existe conducta desviada si no hay una norma de conducta; pero el ámbito normativo es difuso y poco preciso”.

Entonces el Control Formal es una herramienta compleja que busca utilizar el poder institucional del Estado no para castigar lo ocurrido, sino para diseñar a propósito entornos sociales donde sea más difícil generar conductas consideradas desviadas o criminales. Se subraya la idea de que la pena debe tener fundamento en la necesidad de prevenir nuevos hechos del mismo autor y evitar la reincidencia. Esto es el núcleo del control preventivo: no castigar por el pasado, sino modificar al sujeto para asegurar un futuro sin delitos.

Sin embargo, esto introduce una crítica esencial; el riesgo de que el control formal se convierta en algo negativo. La Teoría del Etiquetamiento popularizada en un principio por Howard S. Becker en su libro “Outsiders” nos advierte que el mero proceso de ser juzgado o etiquetado puede generar un estigma social tan intenso que termina confirmando la desviación, incluso si el acto inicial era atípico.

El Control Formal Social Preventivo es, por lo tanto, la utilización de mecanismos legales e institucionales del Estado para intervenir en la vida social con el fin de prevenir la desviación y el crimen antes de que se materialicen. Aunque el objetivo del control preventivo es comprensible, es un tema altamente debatido porque puede tener críticas significativas, en el presente, se ha hecho evidente cómo las instituciones del Estado han adoptado tecnología para ejercer un control formal sin precedentes. Esto nos habla de la Policía Predictiva.

El texto de Gustavo Manuel Díaz titulado “Algoritmos y actuación policial: la policía predictiva” hace referencia a directivas europeas (RGPD y otras) que regulan el uso de datos personales por parte de las autoridades para "fines de prevención, investigación...". Esto es el Control Formal Preventivo en su forma más avanzada: usar la información masiva (datos PNR, reconocimiento facial, etc.) no para saber quién cometió un delito pasado, sino para predecir y señalar dónde y cuándo podría ocurrir uno. Este eje nos plantea el dilema central que vivimos en nuestro tiempo: ¿Hasta qué punto estamos dispuesto a sacrificar el derecho individual de privacidad en nombre de la seguridad colectiva? El Estado busca formalizar un control que opera sobre la expectativa de la criminalidad, no solo sobre su erradicación.

La Criminología vista como Disciplina de Control


El estudio del crimen es una disciplina antigua y global, profundamente adaptada a instituciones estatales. El simple hecho de que existan instituciones como las mencionadas al inicio de este texto subraya cómo el Estado ha formalizado su interés en comprender y gestionar las causas del delito. Se entiende que el control preventivo no es una invención moderna, sino el resultado de la evolución de estructuras estatales diseñadas desde siempre para mantener un orden social definido.

A modo ilustrativo sobre como las instituciones ejercen un Control Social Preventivo en ámbito costarricense podemos destacar el caso “Riverside”. Este fue un operativo de gran escala coordinado por el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) y el Ministerio Público para investigar una estructura presuntamente vinculada al narcotráfico y al lavado de dinero que termino con la captura de numerosos sujetos. Recordemos que el control social formal es el conjunto de mecanismos institucionales mediante los cuales el Estado regula las conductas, aplica las leyes y responde ante comportamientos considerados delictivos.

El caso “Riverside” permite identificar los niveles en los que trabajan las instituciones que ejercen control de vigilancia, se da seguimiento para reunir evidencia e identificar a personas sospechosas por el OIJ, posteriormente la Fiscalía dirige la investigación penal y solicita las actuaciones judiciales que correspondan, la eventual imposición de penas constituye mecanismos de control formal. Su función puede incluir la inhabilitación de las personas condenadas, la prevención de nuevos delitos y la disuasión, aunque estos efectos deben evaluarse con evidencia. La intervención coordinada de distintas instituciones refleja cómo el Estado ejerce su autoridad mediante procedimientos legales y mecanismos de vigilancia y persecución penal.

Podemos concluir que el Control Formal Social Preventivo es hoy una aspiración ética. Se busca la (re)socialización y evitar la reincidencia adaptando al individuo a las normas. Se materializa mediante el análisis predictivo de datos masivos, creando un estado de vigilancia anticipada, pero también genera tensiones constantes entre la necesidad de seguridad y la protección de los derechos fundamentales, obligándonos a cuestionar si el control preventivo corre el riesgo de convertirse en un etiquetamiento permanente que criminaliza la mera sospecha.

El control formal tiene una tendencia inherente a la represión porque es el modo más perceptible de ejercer poder institucional. Para que sea verdaderamente preventivo, sin embargo, debería funcionar bajo los ideales rehabilitadores. Por otro lado, en un contexto mediático o político, esto puede llevar a una obsesión represiva, donde el objetivo deja de ser prevenir y pasa a ser simplemente mostrar fuerza.


(Asentamientos informales son vistos como caldo de cultivo para actividades criminales)

El control social ha trascendido su función de mera reacción (perseguir, juzgar, encerrar) para convertirse en una ingeniería del riesgo. Esta reforma implica que la ley y las instituciones operan menos como un reforzamiento de los valores morales o sociales, y más como un sistema activo que modela el comportamiento humano antes incluso de que se materialice cualquier acto ilegal.

Nuestro análisis como criminólogos debe centrarse en que la función clave ya no es "detener" el delito de manera represiva, sino diseñar un entorno donde ciertas conductas sean metódicamente costosas o inviables.

La ley moderna ya no se rige solo por valores morales, sino en variables como mapas de calor (donde hay más criminalidad), tasas de reincidencia. Esto deshumaniza el proceso. El delito es reducido a un problema estadístico que debe ser "gestionado". En lugar de ver al Control Social como algo que detecta o mantiene el orden, el aparato formal no solo registra la desviación; la genera. El sistema necesita recursos humanos para aplicar sus normas, y es precisamente en este proceso de aplicación donde se "crea criminalidad".

El control social moderno a nivel internacional ha establecido un sistema eficiente de gestión del riesgo. Sin embargo, esta misma eficiencia tiene una enorme deuda ética con el ciudadano pues la ciudadanía se convierte en materia de estadística.

Desde un punto de vista criminológico crítico, debemos ver este paradigma como una reforma preocupante pues hemos pasado de un Estado que castiga actos tipificados a un Estado que administra y penaliza el potencial de los individuos y los territorios (labeling). La preocupación no es solo si cometemos delitos, sino si el propio sistema formal nos está forzando a vivir en un estado permanente de sospecha y riesgo medible, perpetuando así la desigualdad bajo el supuesto manto de la "prevención".



REFERENCIAS

Becker, H. S. (1963) Outsiders, Studies in the Sociology of Deviance. Simon & Schuster. https://books.google.co.uk/books?id=3Vjsn0BQUOoC

Ministerio Público de Costa Rica. (2026, 23 de junio). Caso Riverside: cae presunta organización dedicada al narcotráfico y legitimación de capitales. https://ministeriopublico.poder-judicial.go.cr/index.php/comunicaciones/noticias-judiciales/264-caso-riverside-cae-presunta-organizacion-dedicada-al-narcotrafico-y-legitimacion-de-capitales

Aguilar Avilés, Dager (2010) “CONTROL SOCIAL Y PREVENCIÓN DELICTIVA. UNA INTRODUCCIÓN AL TEMA DESDE EL ANÁLISIS DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL” http://www.eumed.net/rev/cccss/08/daa2.htm

jueves, 8 de octubre de 2026

La Zemiología

La Criminología es la ciencia que se encarga del estudio del delito y los elementos que giran en su entorno, en años recientes ha venido adoptado paulatinamente un carácter menos punitivo y más preventivo, pero no está excepta de críticas, una de ellas vino a inicios del siglo XXI en forma de la Zemiología (del latín zemia: daño) el cual alega que su marco conceptual resulta insuficiente para analizar los fenómenos más complejos de la vida moderna. En esencia, donde la Criminología ve un acto ilícito (el delito), la Zemiología ve una consecuencia de una estructura defectuosa (el daño social).

El mecanismo central de la Criminología tradicional es determinar la responsabilidad individual. Para que exista un delito, se requiere generalmente probar la culpabilidad que implica una intención criminal atribuible a un sujeto. Para la Zemiología, este modelo fracasa al intentar responsabilizar a las estructuras o a grupos complejos como una corporación o si el daño proviene de la inacción del sistema y no de la intención maliciosa de un individuo.

Así, la Zemiología rechaza la premisa de que la responsabilidad sea solo individual. Postula que los daños más grandes son resultado de fallas colectivas o estructurales. El debate para sus defensores es si la ley debe pasar de buscar al "delincuente" a identificar el sistema fallido que le dio origen. Mientras que el fin de la Criminología (al menos la clásica) es mantener el orden social mediante la disuasión y el castigo. Para la Zemiología se apunta a la reparación y transformación: Su fin último es buscar la justicia restaurativa completa, que va más allá de la pena. Busca, reparar el daño social, por lo que una compensación económica en un caso que fue llevado a juicio no sería solución, sino que se debe buscar sanar el tejido social roto.

Entonces para la Zemiología, dejar en evidencia cómo las estructuras de poder (políticas y económicas) han utilizado el discurso del crimen para legitimar y perpetuar su propio control y limitar los derechos fundamentales es la clave del éxito.

En resumen, la Criminología y la Zemiología están en debate sobre la verdadera magnitud de la injusticia. La Criminología para ellos es una disciplina centrada en el derecho negativo (lo que no se debe hacer) para mantener un orden legal mientras que la Zemiología es una ciencia del daño positivo, que fuerza a reconocer y cuantificar todos los tipos de sufrimiento humano, obligando al sistema jurídico a mirar más allá de sus códigos y hacia las raíces generales de la desigualdad.

El Verdadero Rol de la Criminología


Existe una confusión generalizada que suele hacerse evidente cuando se les pregunta a personas ajenas al tema sobre en qué consiste la Criminología. El público y gran parte del sistema legal y político aún están anclados en el paradigma más mediático y espectacular que han presentado los medios de comunicación relacionándolo siempre con una "escena del crimen" la cual ofrece una narrativa lineal y fácilmente comprensible para ellos: comienza con el descubrimiento de un delito; hay un culpable, la evidencia lo prueba y finalmente el culpable es capturado y se administra justicia. Incluso muchos entran a estudiar Criminología esperando ver sangre o lo aspectos mas morbosos de un crimen terminando por abandonarlo cuando ven que no es así.

Las estructuras sociales (desigualdad, contaminación, políticas criminales fallidas) son complejas, neutras y aburridas de transmitir en televisión o la prensa escrita, porque no tienen un villano claro al que señalar. El público ve los procedimientos forenses, las huellas dactilares, los análisis de ADN y a la policía científica en shows llamativos que desvía la atención de lo macro (la pobreza o la negligencia corporativa).


(shows de televisión con contenido interesante pero falaz sobre el crimen)



La violencia directa es visible, ruidosa y espectacular, una venta fácil para los “Mass Media”. La Violencia Estructural (como la normalización del daño a una familia por falta de acceso a servicios básicos) es invisible, silenciosa y requiere estadísticas a veces complicadas para ser demostrada. Los medios por lo tanto se interesan por lo que se puede mostrar con una cámara.

Es psicológicamente más cómodo aceptar que un crimen fue causado por la maldad de una persona ("el villano de turno") que aceptar que fue producto de una red de fallas sistémicas complejas. La narrativa sencilla es menos amenazadora.

Reconocer a la Zemiología implica abandonar la comodidad del modelo penal, asumir que las herramientas legales más preciadas son, en esencia, incompletas o incluso engañosas. Este cambio de mentalidad requiere una carga intelectual exigente y demanda un esfuerzo constante por parte tanto de los académicos como el público general, sin mencionar que es una corriente aun en desarrollo.

El debate entre la Criminología y Zemiología radica en que esta ultima propone una intervención mucho más profunda (pero idealista): la transformación social a través del reconocimiento y la reparación del daño, pero no son meros ajustes al sistema penal; representan un cambio de paradigma total en cómo entendemos el problema y dónde reside la responsabilidad. Propone responsabilizar a las estructuras o políticas criminales. Se preguntaría qué estructura permitió que un delito sucediera y cómo puede desmantelarse para que no vuelva a ocurrir. Esto implicaría incorporar el análisis de la negligencia institucional, la responsabilidad corporativa (daños ambientales, genocidio corporativo) y el fallo en las políticas públicas.

El Paradigma Restaurativo


La herramienta práctica por excelencia en Zemiología sería la Justicia Restaurativa. No se trata solo de que el culpable pague; sino de crear espacios donde todas las partes (víctima, ofensor y comunidad) se reúnan para dialogar sobre lo ocurrido y acordar colectivamente cómo mitigar y remediar el daño social causado. La reparación debe ser integral. Como se mencionó antes, no basta con una compensación monetaria; debe incluir indemnizaciones psicológicas, sociales, culturales y de acceso a recursos dependiendo del acto. Se requiere una visión que no separe lo legal de lo económico o lo ambiental. Las soluciones deben nacer de políticas públicas integradas para atacar la raíz del daño social y evitar que este vuelva a materializarse como un delito.

Ejemplos de esto pueden encontrarse en casos en los que empresas grandes al hacer sus negocios han terminado afectando al medio ambiente, a una cantidad importante de sus trabajadores o clientes e incluso a futuras generaciones terminando en una compensación que va más allá de lo económico, como fue el caso “Dieselgate” de Volkswagen en el que la empresa de autos manipuló las pruebas de emisiones contaminantes en sus vehículos en 2015 por medio de un software instalado con conocimiento de causa. No solo cometió fraude a sus consumidores; las emisiones excesivas de óxidos de nitrógeno constituían un problema de salud pública y contaminación ambiental. Cuando el escandalo salió a la luz no tuvieron más remedio que compensar a sus clientes y aparte de eso, destinar una gran parte a los esfuerzos por mitigar el daño ambiental y programas para sustituir fuentes de emisiones contaminantes por tecnologías más limpias.

Otros ejemplos a nivel mas nacional podrían encontrarse en un caso de homicidio culposo en donde una persona responsable de atropello pudo reconocer el daño causado directamente a los familiares de la víctima. Se estableció un plan reparador, que incluyó servicio comunitario. La persona ofensora también recibió acompañamiento, y posteriormente logró recuperar aspectos de su vida personal y social. En cuanto a la familia del fallecido, pudieron avanzar en su proceso de duelo y reconstrucción de su vida.

Ante este panorama de insuficiencia penal y complejidad sistémica, el paradigma restaurativo emerge como la respuesta más adecuada para gestionar el daño social. Lo restaurativo representa un cambio de paradigma que trasciende el dilema delito/pena, sustituyéndolo por el binomio conflicto/reparación.

La lógica central es clara: cuando ocurre una ofensa (ya sea criminal o estructural), lo crucial no es únicamente imponer castigo, sino trabajar sobre la vulneración de las relaciones y del tejido social afectado. La justicia restaurativa busca reestablecer el vínculo roto y reparar conjuntamente los daños materiales, emocionales e institucionales.

Existe una conexión ineludible entre ambos conceptos (Zemiología y Restauración): la última es la respuesta práctica al reconocimiento del daño social. Si la Zemiología nos proporciona la diagnosis de identificar y cuantificar el daño más allá de lo penal, el paradigma restaurativo ofrece el tratamiento.


(sátira de la injusticia social cuando se lucha contra el sistema)


Esto implica un procedimiento que básicamente abarca a todos. Requiere involucrar activamente a todas las partes interesadas (víctimas, ofensores y la comunidad en general) para identificar, atender los daños y establecer acuerdos restauradores. El foco se desplaza del castigo por imposición de un poder externo al proceso de construcción de responsabilidad compartida.

Es de notar que la conciencia social que se tiene sobre el castigo a los criminales depende en mucho de nuestro propio estatus social, el cual influye en nuestras decisiones y nuestra manera de ver las cosas.

Como parte de un delito complejo que surge en la actualidad, un profundo temor de la persecución llega a tener una profunda influencia en el habitus de las clases medias, junto con una evaluación del potencial de la capacidad del estado para prevenir el crimen.

Hacer algo sobre el crimen llega a tener una importancia crítica para la política social. Para el público de la clase media, la experiencia de victimización (ya sea real o indirectamente a través de las representaciones mediatizadas de las víctimas del crimen) conduce a una llamada de una acción rápida y decisiva en un esfuerzo por disipar el miedo y lograr la purificación de la sociedad.



REFERENCIAS

Fava, G. C., & Sande, F. J. (2019). Daño social, zemiología y violencia estructural. Nuevos replanteamientos de la cuestión criminal a la luz de los conceptos de conflicto, daño social y violencias. Sociología Jurídica: Revista Anales de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, 16(49), 703–716. https://doi.org/10.24215/25916386e030

Zemiología. (2025, 21 de febrero). En Wikipedia, la enciclopedia libre. https://es.wikipedia.org/wiki/Zemiolog%C3%ADa

domingo, 4 de octubre de 2026

El Objeto Histórico del Estudio Criminológico

Algo que ha caracterizado a la Criminología de hoy y desde sus inicios es su estado de permanente cambio. Al igual que muchas otras ciencias que tienen al ser humano en el centro, los paradigmas van cambiando con la perspectiva de la sociedad misma como un constructo social (desde la época de Lombroso y su enfoque biológico hasta nuestros días donde tiene un tono más sistémico y completo, pero sigue evolucionando).

¿Por qué es que hay más crimen en ciertos lugares? ¿Qué tan propenso al crimen es alguien sin educación académica o de bajos recursos frente al que tiene esas ventajas? ¿Cómo debe actuar el Estado? Estas preguntas son tema de debate diario para disciplinas como Filosofía, Derecho Penal, Psicología y por supuesto la Sociología en donde está comprendida la Criminología. Pero primero establezcamos una pregunta base: ¿Cuál es, exactamente, el objeto de estudio de la Criminología?

Si nos situamos en el pasado (antes del estudio del delito como ciencia), la respuesta no tenía debate: el foco se centró casi exclusivamente en la persona infractora y en la tipificación del acto ilegal que cometió. Un paradigma muy cerrado, diseñado para mantener un orden y control social incuestionable, básicamente separar a los buenos de los malos, pero desde la perspectiva de unos pocos (principalmente los que tenían poder).


(Teoría del hombre delincuente basada en fenotipos de Cesare Lombroso, 1897)



En palabras de Antonio García Pablos de Molina:

“La Criminología tradicional descansaba sobre un sólido y pacífico consenso: el concepto legal de delito, no cuestionado; las teorías (etiológicas) de la criminalidad, que tomaban de aquel su auténtico soporte «ontológico»; el principio de la diversidad (patológica) del hombre delincuente (y de la disfuncionalidad del comportamiento criminal); y los fines asignados a la pena, como respuesta justa y útil al delito, constituían sus cuatro pilares más llamativos”.

Sin embargo, hoy sabemos que el asunto no es puramente negro o blanco, a mi juicio, el objeto tradicional de estudio estuvo profundamente influenciado por una necesidad de ver las cosas desde un ángulo positivista (donde el conocimiento solo puede obtenerse a través de la observación empírica y la evidencia científica), pero este mismo método demostró ser incapaz de abordar la complejidad humana, obligando a la Criminología de hoy a pasar del sujeto/delito al sistema de prevención y reparación integral.

El objeto en tiempos del Positivismo

Para comprender por qué este enfoque no funciona en Criminología, es vital observar un problema que surge de esta visión; si se entiende el estudio del crimen como la mera aplicación de leyes para mitigar actos delictivos, la Criminología sería un simple proveedor de datos. Si su único propósito es alimentar las cárceles y al sistema penal, sencillamente está sirviendo para validar la existencia de métodos de castigo y la dureza del status quo; la tendencia a mantener las cosas como están.

Cuando el método de estudio era el Positivismo se llegó a ver los fenómenos humanos incluyendo el crimen bajo una lente de la observación implacable, buscando leyes universales tan deterministas como las que rigen los fenómenos físicos de la naturaleza. Se creyó en un proceso lineal hacia la mejora social, donde se creía que la ciencia pura podía desvelar las reglas necesarias para mantener ese nuevo orden.

El objeto tradicional aquí, por lo tanto, no era simplemente estudiar al criminal, sino darle validez científicamente al castigo y a la estructura de poder establecida por unos pocos. Al tratar el crimen como un fenómeno sujeto a leyes "naturales" o deterministas, el delincuente dejaba de ser visto como un sujeto con derechos en juego y pasaba a ser catalogado como un simple caso de desvío de las normas que debía ser científicamente estudiado y medido para aplicarle una respuesta mecánica y normalizada.

Esta obsesión por lo observable (lo medible o verificable) explica por qué el objeto tradicional en aquel entonces estaba tan atado al concepto formal de delito. Si el delito se entiende primordialmente como aquella violación a lo que está escrito en un código penal (aquello que la ley castiga), entonces este sistema solo tiene interés en saber si se violó una norma escrita y quién lo hizo, para castigarlo sin remediar nada más.

Esta aproximación creó un modelo severo donde el delito era el protagonista principal, y el delincuente era simplemente el foco de ese acto. El enfoque estaba desfasado: se estudiaba al criminal por su potencialidad de contaminar o desviar las normas, pero la función social del sistema solo reconocía el crimen en los tribunales.

Victimología y el Objeto Actual

La Criminología reciente ha pasado a estudiar no solo al delito y al delincuente, sino también la víctima y el control social, incorporando además la idea de prevención, se ve forzada, desde múltiples ángulos (derechos humanos, ciencias sociales), a expandir su marco de interés. El sistema deja de ser un simple mecanismo de "respuesta técnicamente correcta" y debe convertirse en un sistema de restauración para el infractor (de ser posible). Así, la Victimología es una rama de la Criminología que ha transformado el enfoque tradicional, pasando de centrarse exclusivamente en el delincuente o el delito, para poner al centro de estudio a la persona afectada: la víctima.

Cualquier enfoque que limite la Criminología a ser "meramente instrumental" o que dé información únicamente sobre el delito no cabe en este nuevo enfoque moderno. Una Criminología integral debe tener capacidad de criticar y cuestionar el funcionamiento del sistema y los poderes públicos que ejecutan los castigos, además de aportar soluciones; algo que los legisladores de hoy aun no terminan de entender como vemos en este ejemplo tomado del medio “El País” en donde se critican los esfuerzos del poder ejecutivo en disuadir a los jóvenes de optar por una vida delictiva por medio de una simple treta dejando en evidencia una mentalidad que intenta separar al “Yo” (entendida como la persona civil cumplidora de la ley) del “Otro” (entendiéndose como cualquier persona en potencia de ser delincuente) sin realmente comprender las causas de por qué hay jóvenes que terminan optando por esa vida.

El artículo periodístico sobre las excursiones estudiantiles a una megacárcel no es una simple noticia; representa, en su esencia más pura, la materialización política del miedo. Es el momento en que la retórica de castigo típica de los políticos deja de ser un abstracto para convertirse en un espectáculo diseñado para ejercer presión social.

La presidenta lanzando un discurso de "mano dura" mientras se exhiben maniquíes con uniformes naranjas, nos permite realizar un profundo análisis criminológico y preguntarnos: ¿Qué está haciendo el Estado cuando usa la cárcel como mero espectáculo? Y, más importante aún, ¿qué nos revela esto sobre la noción de los políticos en temas de crimen y el verdadero objeto de estudio de la Criminología?

Nuestra tesis central a lo largo de este análisis ha sido que la vía meramente punitiva no funciona, pero el artículo encapsula perfectamente la tendencia a confundir la espectacularidad de la pena con su eficacia social cuando lo que se quiere en realidad es ganar apoyo de las masas, no solucionar la criminalidad. El objeto tradicional de la Criminología (la mera represión) se expone aquí como un mecanismo político, incapaz de abordar las raíces del crimen; por ello, el verdadero objeto debe ser el análisis estructural de los sistemas y resiliencia comunitaria.

Este es un mecanismo de demagogia profundamente falaz: la disuasión mediante la visibilidad del sufrimiento. Se espera que, al ver a los jóvenes "enjaulados por años," se asusten y cambien su estilo de vida. Desde nuestra perspectiva criminológica, esta propuesta es irremediablemente endeble porque viola principios fundamentales sobre cómo opera el control social real.

La experiencia internacional desmonta la noción de que "leyes más severas conduce a menos crimen”. La evidencia, demuestra lo contrario: este ciclo crea un sistema penitenciario insostenible sin reducir las tasas de criminalidad real.

El aspecto técnico del confinamiento nos recuerda constantemente lo difícil y costosa que es la gestión penitenciaria, un sistema que está más preocupado por su propia existencia operativa que por la rehabilitación. Al mostrar el encierro, la vida de "incomunicados" con apenas luz, se maximiza el efecto estigmatizante. Abarrotar prisiones no solo sanciona; deshumaniza y marca permanentemente al sujeto (concepto de “labeling” o etiquetamiento).


(Etiquetar a una persona que haya cometido un crimen disminuye su posibilidad de rehabilitación)

Para un joven en condición vulnerable por vivir en barrios peligrosos, este espectáculo tiene una función narrativa a la inversa: eleva la cárcel a un ideal de vida. Es el premio representativo de lo que la sociedad a la que odia considera un fracaso social. En lugar de asustarlos con la pérdida de libertad, les ofrece simbólicamente un tipo alternativo de pertenencia que va más allá de las instituciones comunitarias funcionales.

La Criminología debe asumir un rol de ser una disciplina crítica. No puede ser ni la voz del gobierno (el status quo represivo), ni un mero observador académico; debe ser un agente científico que tiene el coraje de cuestionar las bases mismas del sistema penal. En mi opinión éste es el objeto de estudio que debe guiar a los que se inician en Criminología.

Tampoco puede ser la "política criminal": Si su único objetivo es proponer soluciones operativas inmediatas y duras (más policía, más cárceles), se convierte en un mero sirviente político. Debe desarrollar modelos explicativos profundos que entiendan la dinámica de las bandas criminales no como "individuos desviados", sino como síntomas de una falla macro-social. Debemos ver el delito como un problema social y humano, desde una perspectiva funcional para que su estudio no sea meramente teórico, sino que sirva para el diagnóstico científico, la explicación del evento, la ayuda a la víctima y el desarrollo de soluciones preventivas efectivas.

En definitiva, el verdadero objeto de la Criminología es entender por qué fallaron los mecanismos comunitarios (escuela, familia, empleo), y cómo puede la ciencia social proveer rutas alternativas a la violencia que no pasen necesariamente por los uniformes naranjas de un sistema que funciona desde el espectáculo. Es una tarea titánica que exige más que estadísticas; requiere ética, visión comunitaria y, sobre todo, la voluntad política para invertir en lo que es invisible: la dignidad humana y el tejido social preventivo.



REFERENCIAS Y TEXTOS DE APOYO ARGUMENTATIVO

Garland, D (2005). La cultura del control: crimen y orden social en la sociedad contemporánea, Gedisa

Murillo, Á. (2026). Excursiones estudiantiles a una megacárcel: La última receta contra el narco que divide a Costa Rica. EL PAÍS. https://elpais.com/america/2026-07-13/excursiones-estudiantiles-a-una-megacarcel-la-ultima-receta-contra-el-narco-que-divide-a-costa-rica.html

García-Pablos de Molina, A. (2014). Criminología: Una introducción a sus fundamentos teóricos (8.ª ed.). Tirant lo Blanch. https://biblioteca.unipac.edu.mx/wp-content/uploads/2019/01/133933463-CRIMINOLOGIA-Antonio-Garcia-Pablos-Molina-pdf.pdf

jueves, 23 de febrero de 2017


De las muchas habilidades que debe poseer un criminólogo (sociales, físicas, conocimientos de derecho penal, de inteligencia y sensibilidad emocional por mencionar algunas), también debe saber cómo liderar un equipo, desarrollar una actitud seria y determinante que lo empuje hacia la meta sin importar el sacrificio y al mismo tiempo inspirar a sus colaboradores, entre éste y otros factores se deja ver la importancia de los conocimientos en administración y marca la diferencia entre un líder y lo que casualmente se le denomina jefe haciendo la connotación del individuo que solamente se dedica a dar órdenes.

  
(Imagen tomada de https://lamenteesmaravillosa.com/eres-un-jefe-o-un-lider/)

A través de la historia del desarrollo de cualquier sociedad sin importar localización  geográfica los líderes que han llevado a un pueblo, nación o empresa adelante de forma satisfactoria lo ha hecho utilizando una actitud inspiradora, dándole identidad propia a su causa y a sus partidarios. Un líder entiende que para lograr un objetivo se debe empezar por conocer bien los elementos que van a permitir llegar a ese objetivo; sus subordinados que son los que hacen que el equipo funcione como un todo.
Con respecto a los principios que hacen posible la administración dinámica de un equipo bajo el mando de un líder es necesario destacar al célebre teórico de la administración y economista Henri Fayol (1841–1925), que experimentó él mismo lo que significa tener un equipo a su mando y descubrió una manera eficaz de explotar las habilidades de sus subordinados enfocándose en las cualidades del líder por medio de una estructuración interna más eficiente. 

Para entender mejor el papel de un líder con su equipo sugiero poner atención al siguiente video 




Características de un criminólogo


Al trabajar primordialmente con elementos sociales, los criminólogos deben tener excelentes cualidades de comunicación para poder comprender, predecir y tratar las mentes criminales, aptitudes para la psicología la investigación analítica y niveles altos de cultura académica para entender los contextos que llevaron a las personas a decantarse por lo ilegal, sin importar sexo, condición económica o posición en el estrato social.   


(Imagen tomada de http://www.wisegeek.org/what-is-criminal-profiling.htm#)

Los principios de Fayol para una administración eficiente son los siguientes:

  •  UNIDAD DE MANDO: Cada empleado debe recibir órdenes de un sólo superior. De esta forma, se evitan cruces de indicaciones a modo de fuego cruzado.

Cuando se trabaja en una empresa cual sea uno de los factores que más estrés produce al empleado es tener que lidiar con más de una persona que le exija resultados; se pierde el trato directo con el empleador y comienzan los resentimientos que el trabajador se forja debido a no tener una sola figura con la quien razonar.
  • AUTORIDAD: A pesar de que el cargo otorga la autoridad formal, no siempre se tendrá obediencia si no existe la capacidad de liderazgo. Por ello, es necesario tener la capacidad de dar órdenes y que ellas se cumplan. La autoridad conlleva responsabilidad por las decisiones tomadas.

No se trata solamente de dar órdenes y esperar que el empleado se las arregle para dar resultados, es necesaria una guía clara y estructurada de parte del jefe que le permita al trabajador administrar su tiempo y los recursos con los que dispone para dar fruto en su labor.
  • UNIDAD DE DIRECCIÓN: Se debe generar un programa para cada actividad. Todo objetivo de tener una secuencia de procesos y plan determinado para ser logrado. Además, de contar con un administrador para cada caso.

Un plan estratégico de parte del líder que involucre las habilidades individuales de sus subordinados tendrá mayor efecto que simplemente asignarle a un equipo distintas labores sin una guía concreta.
  • CENTRALIZACIÓN: Toda actividad debe ser manejada por una sola persona. Aunque gerentes conservan la responsabilidad final, se necesita delegar a subalternos la capacidad de supervisión de cada actividad.

Obviamente se dan casos en los que un trabajador tenga más de una persona por encima de él, de lo que se trata es de no tener la necesidad de lidiar con jefes más allá del que está directamente al pendiente de su labor en particular.

  • SUBORDINACIÓN DEL INTERÉS PARTICULAR AL GENERAL: Deben prevalecer los intereses de la empresa por sobre las individualidades. Siempre se debe buscar el beneficio sobre la mayoría.

El trabajador debe recordar que al ser empleado en una empresa su objetivo final es el desarrollo de ésta, de llegar a la meta para la cual fue contratado, así que deberá entender desde el principio que podría hacer sacrificios personales en pro del bien mayor.  
  • DISCIPLINA: Cada miembro de la organización debe respetar las reglas de la empresa, como también los acuerdo de convivencia de ella. Un buen liderazgo es fundamental para lograr acuerdos justos en disputas y la correcta aplicación de sanciones.

Todo lugar de trabajo tiene normas, procedimientos para casos particulares y reglamentos a los que se debe apegar para evitar futuros roces con sus jefes y compañeros de trabajo.
  • DIVISIÓN DEL TRABAJO: La correcta delimitación y división de funciones es primordial para el buen funcionamiento de la empresa. Se debe explicar claramente el trabajo que cada colaborador debe desempañar. Además, se debe aprovechar la especialización del personal para aumentar la eficiencia.

Un aspecto que tanto los jefes como los empleados debe tener claro desde el inicio es la labor concreta en la que se va a desempeñar, sus limitaciones y el panorama con respecto a los demás trabajadores para evitar la asignación de trabajos no previstos de un empleado a otro.
  • ORDEN: Cada empleado debe ocupar el cargo más adecuado para él. Todo material debe estar en el lugar adecuado en el momento que corresponde.

Uno de los aspectos que más tiene que ver con eficiencia es la asignación de la labor correcta al empleado correcto, que se adecue a sus habilidades y a la disposición a la mano de los materiales que requiere.
  • JERARQUÍA: El organigrama y jerarquía de cargos debe estar claramente definidos y expuestos. Desde gerentes a jefes de sección, todos deben conocer a su superior directo y se debe respetar la autoridad de cada nivel.

Un organigrama se refiere a la estructura en pirámide de la representación de los puestos de trabajo, delimitando claramente quien responde a quien y todos los involucrados deben conocer su puesto.

  •  JUSTA REMUNERACIÓN: Todo empleado debe tener clara noción de su remuneración y debe ser asignada de acuerdo al trabajo realizado. Los beneficios de la empresa deben ser compartidos por todos los trabajadores.

Uno de las principios básicos del capitalismo es la idea de recibir un objeto o servicio de valor equivalente por el cual se pagó, de ésta forma un trabajador no se desempeñara de forma eficiente sabiendo que no obtendrá su justa recompensa.

  • EQUIDAD: Todo líder debe contar con la capacidad de aplicar decisiones justas en el momento adecuado. A su vez, deben tener un trato amistoso con sus subalternos.

Una de la cualidades claves de un líder para Fayol es la habilidad de impartir justicia entre sus subordinados rápida y efectivamente, respetándolos como seres humanos.
  • ESTABILIDAD: Una alta tasa de rotación de personal no es conveniente para un funcionamiento eficiente de la empresa. Debe existir una razonable permanencia de una persona en su cargo, así los empleados sentirán seguridad en su puesto.

Un trabajador con un empleo asegurado se sentirá más conforme y será más eficiente que uno cuyo futuro en la empresa sea incierto.
  • INICIATIVA: Se debe permitir la iniciativa para crear y llevar a cabo planes, dando libertad a los subalternos para que determinen cómo realizar ciertos procedimientos. Junto con esto, se debe tener en cuenta que en ocasiones se cometerán errores.

Los empleados que tengan experiencia en el campo podrían aportar buenas ideas para el funcionamiento de la empresa, un líder escucha a su equipo y recibe críticas con la mente abierta.
  • ESPÍRITU DE CUERPO: El trabajo en equipo siempre es indispensable. Se debe promover el trabajo colaborativo, que también ayuda a generar un mejor ambiente laboral.

Un líder inspira a su equipo y les transmite la importancia de la labor por la cual se desempeñan, promueve la ayuda entre los compañeros y en general crea un ambiente de confianza.

(Henri Fayol)

 REFERENCIAS

Henri Fayol. (2017, 19 de febrero). Wikipedia, La enciclopedia libre. Fecha de consulta: febrero 20, 2017 desde https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Henri_Fayol&oldid=97020893.

Las 10 competencias básicas que debe tener un Criminólogo del siglo XXI .Fecha de consulta: febrero 20, 2017

Desde http://www.udima.es/es/competencias-basicas-criminologo-siglo-xxi.html

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